¿Sientes que en casa ya no os entendéis?

Para consulta presencial o videoterapia

Quizás vuestra familia esté pasando por alguna de estas situaciones:

 

Las conversaciones siempre terminan en discusiones, gritos o silencios incómodos que perduran días.

Sientes que ya no conoces a tu hijo o hija adolescente, que se ha levantado un muro entre vosotros.

Hay un miembro de la familia que está sufriendo ansiedad, depresión, adicción o problemas de conducta, y todos estáis agotados sin saber cómo ayudar.

Los roles están difusos: quién pone los límites, quién toma las decisiones, quién carga con todo el peso emocional de la casa…

Estáis atravesando un proceso de separación o divorcio y vuestros hijos están en medio, o intentáis formar una familia ensamblada y no sabéis cómo encajar las piezas.

Cada uno está en su mundo, desconectado, como si vivierais bajo el mismo techo, pero en realidades paralelas.

Hay secretos, resentimientos acumulados o heridas del pasado que nadie se atreve a nombrar, pero que siempre están presentes.

Sientes que estás fallando como madre o padre; que hagas lo que hagas nunca es suficiente.

 

Lo que está pasando en vuestra familia no es un fracaso

 

Cuando la convivencia se vuelve tensa, cuando la comunicación se rompe o cuando un miembro sufre y todos os veis afectados, no significa que vuestra familia esté rota. Significa que el sistema familiar está pidiendo ayuda, que algo necesita reajustarse, que hay heridas que sanar o patrones que transformar.

Y es completamente normal necesitar apoyo profesional para lograrlo.

Las familias, como todo sistema vivo, atraviesan crisis: la adolescencia de los hijos, cambios de roles, pérdidas, enfermedades, separaciones, la llegada de nuevos miembros… A veces, esas crisis os superan y lo que antes funcionaba, ya no sirve.

No estáis solos en esto. Y sí, hay caminos para volver a encontraros.

 

La familia no es un problema a resolver, es un sistema a cuidar

 

En terapia familiar no buscamos culpables ni señalamos quién lo está haciendo mal. Entendemos a vuestra familia como un todo, donde cada miembro afecta y es afectado por los demás, donde los conflictos no son responsabilidad de uno solo, sino dinámicas que se han ido construyendo entre todos.
Puede que vengáis porque vuestro hijo adolescente «está en una etapa difícil», o porque vuestra hija tiene ansiedad, o porque hay conflictos constantes entre los hermanos. Pero detrás de esos síntomas hay una historia familiar, patrones de comunicación, roles tácitos, necesidades no expresadas.

Y cuando trabajamos el sistema completo, todo empieza a fluir de otra manera.

 

¿Cómo trabajamos en Alpsyquie la terapia familiar?

 

En nuestro gabinete creamos un espacio seguro donde cada miembro de la familia pueda ser escuchado sin juicios, donde todas las voces importan: la de los adultos que están desbordados, la de los adolescentes que se sienten incomprendidos, o la de los pequeños que absorben las tensiones, aunque nadie hable de ellas.
Trabajamos desde un enfoque Humanista-Integrador, adaptándonos a las necesidades únicas de cada familia. No hay dos familias iguales y, por eso, no hay dos terapias iguales.

Nuestro acompañamiento incluye:

Crear un espacio de escucha real

Muchas veces, lo que más necesitáis es poder hablar y ser escuchados de verdad. En terapia facilitamos esa comunicación, de modo que cada miembro pueda expresar lo que siente sin interrupciones, sin defensas y sin miedo a ser juzgado.

Entender las dinámicas ocultas

Exploramos cómo funcionáis como familia: quién sostiene el peso emocional, quién evita los conflictos, quién explota, quién se retrae. Identificar y visibilizar estos patrones es el primer paso para cambiarlos.

Mejorar la comunicación desde la raíz

No se trata solo de «hablar más» o «hablarse mejor». Se trata de aprender a comunicar necesidades, miedos, límites y emociones de una forma que el otro pueda escuchar. Y también de aprender a escuchar sin ponerse a la defensiva.

Redefinir roles y límites

A veces, los roles familiares están desajustados: madres que asumen toda la carga, padres emocionalmente ausentes, hijos “parentalizados” que cuidan a sus hermanos, o incluso a sus padres. Trabajamos para que cada uno pueda ocupar el lugar que le corresponde de una forma más sana.

Fortalecer el vínculo familiar

Más allá de resolver conflictos, buscamos reconectar el afecto, la empatía, el apoyo mutuo. Que volváis a sentir que sois un equipo, no bandos enfrentados.

Acompañar en procesos de cambio

Si estáis atravesando una separación, un duelo, la llegada de un nuevo miembro a la familia o cualquier transición importante, os ayudamos a afrontarlo de la forma menos dolorosa posible, especialmente para los más pequeños.

Trabajar con el miembro que sufre sin culpabilizarlo

Si hay alguien en la familia con problemas de conducta, ansiedad, depresión o adicción, trabajamos para entender qué está expresando ese síntoma en el contexto familiar, y cómo todos podéis colaborar en su recuperación sin sobrecargaros.

 

¿Qué podéis esperar del proceso?

 

La terapia familiar no es mágica y los cambios no ocurren de un día para otro. Pero sí notaréis diferencias desde las primeras sesiones: pequeños ajustes en la forma de hablaros, momentos de comprensión que antes no existían, espacios para respirar en medio del conflicto.

A medida que avancéis, empezaréis a:

  • Comunicaros con menos gritos, reproches o silencios hirientes
  • Entender mejor lo que cada miembro está sintiendo y necesitando
  • Resolver conflictos de forma más constructiva, sin que escalen a crisis
  • Sentir que sois un equipo, que os apoyáis mutuamente
  • Tener roles y límites más claros y respetuosos
  • Gestionar mejor los momentos de tensión o cambio
  • Disfrutar más de los momentos juntos, sin tanta carga emocional

El objetivo no es que vuestra familia sea perfecta, porque las familias perfectas no existen. El objetivo es que podáis convivir desde un lugar más sano, más amoroso y más respetuoso con las necesidades de cada uno.

 

No tenéis que esperar a que todo explote

 

Muchas familias llegan a terapia cuando ya están al límite, cuando las cosas se han vuelto insostenibles. Pero no hace falta esperar a eso. Si sentís que algo no va bien, que la convivencia es difícil, que os estáis alejando unos de otros, ese es el momento de pedir ayuda.

Cuanto antes trabajéis las dinámicas que os están haciendo daño, menos dolor acumulado habrá que sanar después.

Y no, no es una exageración pedir ayuda profesional. Es un acto de responsabilidad y amor hacia tu familia.

 

¿Tienen que venir todos a terapia?

 

Lo ideal es que participen todos los miembros de la familia, o al menos los directamente implicados en la situación. Pero entendemos que a veces eso no es posible: hay adolescentes que se niegan, miembros que no creen en la terapia, o situaciones donde no convivís todos juntos.

Podemos empezar con quien esté dispuesto a venir, y a menudo, cuando un miembro empieza a hacer cambios, el resto del sistema responde y se abre a participar.

También podemos combinar sesiones familiares con sesiones individuales, si es necesario, adaptándonos a lo que vuestra familia requiera.

 

Preguntas frecuentes

 

¿Y si mi pareja o mi hijo no quiere venir a terapia?

Es frecuente que algún miembro se resista al principio. Podéis empezar quienes estéis dispuestos, y muchas veces, al ver cambios, los demás se animan a sumarse. También podemos trabajar estrategias para invitarlos de manera que se sientan menos amenazados.

¿Van a juzgarnos como padres?

Para nada. Entendemos que todos estáis haciendo lo mejor que podéis con los recursos que tenéis. No estamos aquí para juzgar, sino para acompañar y ofrecer nuevas herramientas.

¿Qué pasa si hay secretos familiares que no queremos contar delante de todos?

Podemos trabajar en sesiones individuales o con parte de la familia, según lo necesitéis. Lo importante es crear un espacio seguro donde todos os sintáis cómodos.

¿Es normal que las primeras sesiones sean incómodas?

Sí, es completamente normal. Hablar de lo que duele, en presencia de quien te duele, puede ser difícil al principio. Pero estaremos ahí para facilitar esa comunicación de forma respetuosa y segura.

¿Podemos venir si ya nos hemos separado?

Por supuesto. La terapia familiar también es muy útil en procesos de separación o divorcio, especialmente cuando hay hijos implicados, para aprender a “coparentar” de forma sana.

¿Desde qué edad pueden participar los niños?

Depende de cada situación, pero en general, a partir de los 6-7 años, los niños pueden participar activamente en algunas sesiones. En edades más tempranas trabajamos más con los adultos y observamos las dinámicas.

 

Vuestra familia merece un espacio para sanar

 

Quizás ahora mismo sientas que no hay salida, que los conflictos son insuperables, que el daño es demasiado grande. Pero las familias tienen una capacidad de transformación increíble cuando se les brindan el espacio y las herramientas adecuados.

Vuestra familia no está rota. Está necesitando cuidado.

Y ese cuidado empieza por dar el paso de pedir ayuda.

 

No esperéis a que todo se rompa. A veces, el acto más valiente es pedir ayuda a tiempo.

Alpsyquie Psicología Madrid

Gabinete de psicología especializado en Terapia Familiar y de Pareja

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Almudena Pingarrón- Psicología
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