La comparación social y la trampa de las redes sociales

Todos nos hemos hecho en alguna ocasión preguntas como: ¿Lo habré hecho bien?, ¿tengo un buen trabajo?, ¿mi manera de pensar es drástica?, ¿disfruto lo suficiente de la vida?

Todas estas preguntas están relacionadas con el autoconcepto, que es el conjunto de ideas que tengo sobre mí mismo. Esta valoración que nos hacemos en diferentes ámbitos de nuestra vida (como salud, habilidades y éxito) surge, en cierta medida, en la comparación con los demás. Ya en 1954, Festinger, psicólogo social muy reconocido, presentó la teoría de la comparación social en la que nos basamos para reflexionar sobre la autoevaluación.

A menudo, cuando nos comparamos con los demás, hay quien nos responde ‘depende de con quién te compares’. Cierto, nos situamos en un punto dentro del continuo social, teniendo en cuenta más o menos información.

Este proceso es bastante comprensible si tenemos en cuenta que no hay una medida objetiva para autoevaluarnos. Por ejemplo, para saber si nosotros somos lo suficientemente exitosos en el ámbito social o en la vida amorosa, si estamos haciéndolo bien o tenemos suficiente felicidad en nuestras vidas.

Este es un tema interesante en la sociedad en la que vivimos, debido a que tenemos información muy diversa de muchas personas. Con las redes sociales, vivimos el boom de la comparación social. Normalmente, tendemos a compararnos más con personas parecidas y/o cercanas a nosotros. Sin embargo, también podemos compararnos con personas que consideramos mejores en algún sentido (comparación ascendente) o con personas que consideramos peores en algún ámbito de la vida (comparación descendente).

¿Cómo nos afecta esto? Todo depende de nuestra interpretación de los datos que tenemos y de la importancia que le demos al uso de las redes sociales. Sin embargo, es cierto que, si a través de la comparación social, la información que obtenemos de nosotros es mayoritariamente negativa, esto puede tener un efecto en nuestra autoestima (la valoración que hacemos de nosotros mismos a nivel emocional).

Para rebajar el efecto que pueda tener en nuestra autoestima, hay que tener en cuenta que lo que nos llega de las redes sociales es una imagen estática de la vida de una persona que intenta mostrar, en la mayoría de los casos, su mejor versión. Un buen ejemplo de ello son los filtros de belleza que suelen representarnos con más luz, menos acné y, en general, con más atractivo.

Quizás una mejor estrategia sería restarle tiempo a la comparación social en las redes y salir a vivir nuestra propia vida, saborearla y centrarnos en nosotros mismos.

[María Ramos Agrela]

 

¿Y tú? ¿Tienes dificultades en las relaciones sociales?

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