Como cada año, el 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, donde se trata de dar visibilidad a los problemas que tiene  la sociedad para dar cobertura  la salud mental de la población, ya que desgraciadamente no se encuentra al alcance de todos.

Este año el foco se pone sobre la población juvenil, pues tal y como los datos muestran, en muchos países del mundo los niños no reciben una correcta atención en cuanto a la salud mental se refiere. Una atención psicológica adecuada debería ir desde la evaluación cuando aparecen los primeros síntomas o cuando el menor vive en un contexto de riesgo para su integridad física o psíquica. Tras ese primer paso, se procede a dar un diagnóstico y/o a marcar unos objetivos terapéuticos para ayudar al desarrollo adecuado del niño, y posteriormente, se pasa a implantar un tratamiento personalizado y adaptado a las necesidades del menor.

Muchas veces los Gobiernos se excusan en problemas económicos que impiden ofrecer una salud mental adecuada desde edades tempranas, pero se ha demostrado que si se hace una inversión que permita dar asistencia en los primeros años, posteriormente se reducirán los costes que conlleva una atención psicológica y/o farmacológica más compleja, además de reducir los costes sociales elevados que pueden surgir a consecuencia de no haber sido tratados a tiempo.

Esos niños que luego pasarán a ser adolescentes, y más tarde adultos, tienen por delante una vida plena en la que poder desarrollarse como personas. De ahí, la importancia de que en sus primeros años, además de educarles en materias escolares (donde parece que todos tenemos claro que hay que dedicar esfuerzos), se opte por inculcar valores donde permitan desarrollar sus emociones, trabajar sobre sus dificultades afectivas e implantar planes de prevención relacionados con problemas que están a la orden del día (violencia, abuso sexual, acoso escolar, suicidio, abuso de sustancias, etc.). Si desde pequeños trabajamos en esta línea, se podrán evitar conductas antisociales, y las consecuencias obviamente negativas que tanto para sí mismos como para el resto de la sociedad tienen, y que pudieran estar causadas, entre otras cosas, por la falta de atención psíquica o del fracaso en el tratamiento.

​Os dejo aquí un fragmento del manifiesto que la Organización Mundial de la Salud ha preparado para este día, y os recomiendo visitar el siguiente enlace de la Confederación de Salud Mental en España, donde este año apuestan por el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” https://consaludmental.org/.

“Los jóvenes y la salud mental en un mundo en transformación:
En la adolescencia y los primeros años de la edad adulta se producen muchos cambios: cambio de colegio o de hogar, entrada en la universidad o en el mundo laboral. Para muchos es una época apasionante, pero también puede ser causa de estrés o aprensión. En algunos casos, si no se reconocen y controlan, estos sentimientos pueden causar enfermedades mentales. El uso cada vez mayor de las tecnologías en línea, que sin duda aporta muchos beneficios, también puede generar tensiones adicionales, pues cada vez es mayor la conexión a las redes virtuales en cualquier momento del día o la noche. También hay muchos adolescentes que viven en zonas afectadas por emergencias humanitarias, como conflictos, desastres naturales y epidemias, y los jóvenes que viven estas situaciones son particularmente vulnerables a la angustia y las enfermedades mentales.” 
[OMS]

 

[Almudena Pingarrón Salazar]

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