La Navidad es una época festiva que se liga culturalmente a celebraciones, unión familiar, ilusión e incluso un halo de magia en el ambiente. Sin embargo, de forma paradójica, todas estas expectativas se pueden traducir en una fuente de malestar y ansiedad para aquellas personas para quien estas fechas supongan más una presión que una fuente de disfrute.

Para las personas con problemas de alimentación, las Navidades pueden ser un reto, ya que en nuestra cultura la mayoría de las celebraciones se convocan alrededor de la mesa y entorno a la comida: cenas y comidas familiares, de amigos, de empresa, la bandeja con los polvorones, el roscón de Reyes, las doce uvas… Estas fechas implican una ruptura en nuestra rutina de alimentación, tanto en cantidades como en horarios. Además, se intensifican las conversaciones en las que se habla sobre los alimentos, el peso o la imagen. Para las personas con problemas de alimentación, pueden suponer una situación de riesgo, debido al bombardeo de estímulos relacionados con este aspecto.

A veces, cuando tenemos un familiar que tiene una relación problemática con la comida, nos surgen dudas sobre cómo actuar para hacer que estas fechas sean más llevaderas y todos podamos disfrutar por igual. Aquí proponemos algunas pautas que pueden servir de ayuda durante estas fiestas tanto si tenemos un familiar con problemas de alimentación como para fomentar unas celebraciones respetuosas entre todos los presentes.

Temas de conversación respetuosos

Evita hacer comentarios o dar opiniones relacionadas con el aspecto físico o el peso, tanto sobre la persona que tiene el problema de alimentación como sobre resto de los presentes, o incluso de uno mismo. En general, tenemos muy normalizado opinar sobre el físico de los demás sin ser conscientes del daño que podemos llegar a hacer.  Igualmente, trata de no hacer comentarios sobre la cantidad de comida que se está ingiriendo, el peso o la posibilidad de engordar por lo que se está comiendo. Hazle ver a tu ser querido que le valoras y te interesas por él o ella más allá de su físico o su alimentación. Por ejemplo, pregúntale sobre qué serie está siguiendo últimamente, cuéntale alguna anécdota que te haya ocurrido… Trata que los temas de conversación alrededor de la mesa sean variados y no estén focalizados en la comida o el peso.

La rutina en épocas de excesos

Aunque las comidas o cenas navideñas suelen organizarse de una forma más flexible que nuestra rutina diaria, es útil mantener, en la medida de lo posible, la estructura de las comidas que se tiene habitualmente. Es decir, mantener un horario más o menos estable, hacer las cinco comidas diarias y dividir la comida y la cena en primero, segundo y postre. Así mismo, evitar poner comida en medio de la mesa para compartir, si no servir cada ración en un plato individual, y comer sentados, en lugar de comer de pie.

Aceptar las emociones con todos sus matices

Es normal que esta época evoque emociones muy diversas en todos nosotros. Culturalmente se tiende a pensar que la Navidad es sinónimo de felicidad y que únicamente está permitido sentir emociones agradables (ej. cariño, ilusión, alegría, gratitud…), pero también pueden aparecer emociones desagradables. Por ejemplo, una mayor ansiedad en las personas con trastornos alimentarios, tristeza si sentimos la ausencia de alguien importante para nosotros en las celebraciones, tensión si tenemos que compartir más tiempo con personas con quienes tenemos diferencias… La compra, la organización de las cenas, las reuniones familiares… pueden suponer una importante fuente de estrés. Lo importante es ajustar nuestras expectativas y reconocer y aceptar las emociones que nos puedan aparecer tanto a nosotros mismos como a la persona con problemas alimentarios, pues todas ellas son válidas.

La incógnita de los regalos

También pueden surgir dudas a la hora de hacer regalos. Si tenemos un familiar con problemas de alimentación es preferible que estos no impliquen elementos relacionados con la comida, el peso o la imagen. Por ello, no sería recomendable regalar ropa o bombones. En su lugar, podemos interesarnos por qué cosas le gustan, cuáles son sus hobbies, o incluso preguntar directamente cuáles son sus preferencias.

Navidad más allá de los dulces

Plantéate el objetivo de disfrutar de las Navidades más allá de la comida. Dado que generalmente se dispone de más tiempo por ser periodo de vacaciones, se puede aprovechar para hacer planes en familia y pasar tiempo con aquellos a quienes no puedes ver tan a menudo y te gustaría tener más cerca. Entre todos buscad diferentes formas de ocio y diversión que no impliquen alimentos. Por ejemplo, podéis aprovechar para desempolvar los juegos de mesa, pasear por la zona viendo los adornos y la iluminación, poner el árbol y decorar la casa, revisar los eventos que se hacen en vuestra zona por estas fechas, acudir a alguna exposición a la que llevaseis tiempo queriendo ir… No tienen por qué ser actividades que estén necesariamente relacionadas con la Navidad, lo importante es que os permitan conectar y disfrutar del tiempo compartido.

No estás sola o solo

Igualmente, si sospechas que alguien de tu entorno o tú mismo padecéis un trastorno alimentario y la llegada de estas fechas está resultando desbordante emocionalmente, lo más apropiado es buscar ayuda profesional, con un equipo interdisciplinar en el que recibir ayuda psicológica y nutricional adaptada a las necesidades particulares. Si este tratamiento ya está teniendo lugar, es importante ceñirse a las indicaciones establecidas por los profesionales de referencia y adaptar las actuaciones a la fase del tratamiento en el que esté la persona.

 

[Katia Huecas Pérez]

 

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