Hablemos desde la perspectiva de género

A lo largo de los últimos años, hemos empezado a ser conscientes de que existen diferencias en base a nuestro género. Cada vez se oye más la palabra “perspectiva de género,  y se considera más importante hacer uso de ella en diferentes áreas de la vida: en la medicina para comprender que hay enfermedades que se manifiestan de forma diferente en hombres y mujeres; en la psicología para entender las diferentes formas de expresión, conducta; en el deporte para adaptar las pruebas físicas que se exigen…)

Podemos definir la perspectiva de género como una herramienta conceptual que trata de explicar que las diferencias existentes entre mujeres y hombres no recaen únicamente en una cuestión biológica, ni es determinante, sino que las diferencias culturales que se nos han asignado de acuerdo a este constructo, influyen en la forma en la que somos y nos comportamos.

 

Pero… ¿Qué es ser hombre o mujer? ¿Qué diferencia hay entre sexo y género?

El término sexo viene determinado por la biología, es decir, una persona nace con sexo masculino o femenino.

Por otro lado, el género es algo que se aprende, es una construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales, así como los comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres. Es decir, lo que se espera que haga una persona por ser hombre o mujer.

“El sexo hace posible que las mujeres tengan hijos y el género asegura que sean ellas quienes tienen que cuidarlos”.

 

¿Cómo influye la socialización en las diferentes problemáticas de cada uno/a?

A lo largo de nuestra vida vamos “aprendiendo” a ser hombres y mujeres, lo cual configura la identidad de género y determina los roles de género que desarrollará cada persona en la sociedad.

Es por esto que nuestras diferencias no están marcadas únicamente por lo biológico, sino que somos diferentes por cómo hemos sido tratados en función del género que se nos ha impuesto. A esto se le llama socialización.

Es importante observar cómo hemos sido tratados, qué mensajes y frases se nos han ido repitiendo a lo largo de nuestra vida en relación a nuestro género, ya que, esto ha resultado determinante para construir una identidad social.

Un ejemplo claro son las emociones y su forma de expresión:

Muchos hombres, han recibido ciertos mensajes en su infancia tales como: “llorar es de débiles” y “no llores, no seas una niña”. De este modo, se invalida esa emoción de tristeza, y se sustituye por la del enfado, aprendiendo a externalizarla a través de expresiones de ira y agresividad, más socialmente aceptadas para el género masculino.

Por el contrario, a las mujeres se les ha reprimido la emoción de enfado con mensajes como: “no seas histérica” y “las chicas buenas no se enfadan”. Así, muchas mujeres aprenden a camuflar esta emoción bajo la tristeza interna, propiciando que aparezca la culpa, como forma de expresión emocional característica en las mujeres, entre otra serie de emociones proyectadas hacia adentro.

Y tú, ¿sabes que mensajes has recibido en tu infancia en relación con tu género? ¿Crees que estos han influido en la forma en la que te relacionas ahora? ¿Sientes que han podido limitarte estos mandatos de género?

En terapia, trabajar bajo la perspectiva de género significa generar consciencia de todos aquellos mensajes y mandatos que hemos ido recibiendo, tanto en el entorno familiar como en el mundo social, y cómo estos han influido en nuestra forma de sentir, de comportarnos y de relacionarnos.

 

[Marta Pinillos Arpón]

 

 

 

 

 

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