Algunos de los efectos derivados de la pandemia aún son invisibles. La incertidumbre sobre el futuro, la rabia, la impotencia y la resignación van generando una serie de problemas que desencadenan en síntomas como ansiedad, miedos, desmotivación, estrés, tristeza profunda, soledad por la situación que vivimos desde hace un año, en la que muchas personas han perdido contacto con sus seres queridos. El estrés postraumático y los duelos no resueltos, a raíz de pérdidas inesperadas y la imposibilidad de despedirnos de familiares y amigos, se han visto incrementados a raíz de esta situación

El personal sanitario, debido a la exposición prolongada a situaciones de estrés, pérdidas, y agotamiento, también ha desarrollado problemas físicos y psicológicos. En muchos casos, estos problemas derivan en el conocido Síndrome de “Bournout” o del trabajador quemado: un trastorno emocional asociado al agotamiento provocado por las exigencias que se dan en el entorno laboral.

Las estadísticas muestran que también se ha producido un aumento del consumo de psicofármacos en los últimos meses, relacionado principalmente con problemas de ansiedad, dificultad para dormir, síntomas depresivos, conflictos familiares o de pareja, etc.

Según la Conferencia de Salud Mental España:

  • Más de 1 millón de personas presenta un trastorno mental grave.
  • 2 millones de jóvenes (de 15 a 29 años) han presentado síntomas psicológicos este último año.
  • Existen 4 millones de personas que tiene algún problema de salud mental.
  •  11 millones de personas lo tendrán a lo largo de su vida.

Detrás de estas cifras, muchas veces hay personas de nuestro entorno más cercano, familiares y amigos, o incluso uno/a mismo/a. Todo el estigma al que se ven sometidas las personas con problemas de salud mental hace que eviten buscar ayuda profesional, y si esta situación se prolonga en el tiempo, los síntomas y sus consecuencias tienden a agravarse, pudiendo llegar a convertirse en crónicas.

Es por ello que, de no existir una adecuada Atención Psicológica orientada tanto a la prevención como a la intervención, el empeoramiento irá en aumento, y las consecuencias de esta situación no aparecerán únicamente en el plano individual de cada persona, sino a nivel global en toda la sociedad.

¿Cómo dejar de perpetuar el estigma asociado a los problemas de salud mental?

Desde los medios de comunicación observamos como casi a diario se utilizan términos como “loco” o “trastornado” para referirse a los responsables de sucesos trágicos violentos. Es importante que desde la propia responsabilidad personal, nos concienciemos de que las palabras sí importan: en lugar de estos adjetivos, que llevan detrás connotaciones negativas, el término adecuado sería “persona con un trastorno mental”.

Es importante que la salud mental se trate como una prioridad, empezando por los Organismos Públicos. Actualmente, el ratio en España es de 6 psicólogos/as clínicos/as por cada 100.000 habitantes, siendo este tres veces inferior al ratio en la Unión Europea. Un ejemplo claro de que realmente se estuviera dando a este asunto la importancia que tiene sería, por ejemplo, que cada persona que así lo necesitara pudiera recibir terapia psicológica desde el ámbito público cada semana sin que ello supusiese un privilegio.

Es por ello que empezar a invertir más recursos económicos desde los presupuestos públicos en Salud Mental es una tarea fundamental para garantizar el bienestar general de toda la población. Como hemos comentado anteriormente, si se destinan esos esfuerzos a la prevención y al tratamiento de los problemas psicológicos, el Estado podría llegar a ahorrarse grandes cantidades de dinero que actualmente se invierten en paliar las consecuencias de que estos problemas se cronifiquen: bajas laborales prolongadas, coste del consumo de psicofármacos, tratamiento de enfermedades psicosomáticas, etc. Además de este ahorro, la calidad de vida de todas las personas mejoraría enormemente.

La responsabilidad de cambiar estereotipos también es nuestra: acudir al especialista en salud mental o al psicólogo/a cuando siento dificultades o quiero sentirme mejor implica ser una persona fuerte, con capacidad de afrontar los problemas y que no pone barreras e impedimentos en dejarse acompañar.

¿A qué estamos esperando para llevar a cabo este cambio tan importante?

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